La importancia del recreo para nuestros hijos e hijas

por | 20 Abr 2016 | | 7 Comentarios

importancia del recreo para nuestros hijos e hijas
importancia del recreo para nuestros hijos e hijas

Si le preguntas a cualquier niño cuál el mejor momento del colegio, lo más probable es que te de esta imperecedera respuesta: ¡el recreo!

El recreo, un descanso para los niños, es en ocasiones un dolor de cabeza para los profesores que intentan compactar las cada vez mayores exigencias del curriculo a la jornada educativa. En Estados Unidos se ha convertido también en objeto de debate dentro del esfuerzo para combatir la obesidad. Hay niños que no disfrutan del recreo a diario y, en su lugar, reciben clases de gimnasia.

Empecemos con algunas verdades elementales. La clase de gimnasia no es recreo. La gimnasia o educación física es una clase estructurada y dirigida por un profesor. Aunque generalmente implica actividad física, no proporciona a los niños un verdadero respiro. Como dijo un niño de siete años: “en clase de gimnasia te dicen qué hacer y tus amigos no están en tu equipo”.

Dado que los niños pasan mucho tiempo en el interior de un recinto y con la preocupación que existe en la actualidad sobre la obesidad, es fácil dar por hecho que el principal beneficio de los recreos es el movimiento físico. Y el movimiento constituye una parte, pero no es el objetivo principal. El recreo es mucho más que corretear. Supone descansar social y emocionalmente de que nos digan qué hacer. Permanecer sentado mientras se sostiene un bolígrafo es, para muchos niños, una tarea dura y frustrante. Lidiar con profesores y compañeros puede ser duro. El recreo ofrece un alivio vital y emocional.

El recreo también proporciona beneficios académicos, tanto en el aprendizaje como en la mejora del comportamiento. Cuando los niños regresan al aula, su precisión y su memoria declarativa se disparan, su capacidad para prestar atención y absorber la materia aumenta, se distraen menos y generalmente sacan mejores puntuaciones en las pruebas dado que el recreo es un aliado de la memoria y la focalización. De hecho, según una investigación de la Universidad de Minnestota realizada en el alumnado de tercer curso, cuanto más tiempo tardan en salir los niños al recreo, más aumenta su distracción.

Es difícil pensar que a pesar de todos estos beneficios el recreo peligre. Pero muchas escuelas consideran el recreo como un lujo o una mercancía. El peligro radica en parte en que hay educadores que, con buenas intenciones, suplantan el recreo con clases de gimnasia o estiramiento dentro del aula. Otra cuestión que hace que el recreo peligre cada día para todo niño es el hecho de que entre los profesores sea una práctica común utilizarlo como un instrumento disciplinario. Por ejemplo: “termina los ejercicios de matemáticas o los harás durante el recreo.”

Los niños tienen derecho al recreo. Es tan esencial como la comida para un óptimo aprendizaje. Así lo afirma la Academia Americana de Pediatría que publicó una declaración de políticas en 2013 que versaba así: “ El recreo … no debería negarse por motivos punitivos o académicos.” No hay que quitar el recreo. Ni a causa del comportamiento. Ni a causa de los deberes. No, por ninguna razón. Por desgracia, los niños que con frecuencia se meten en problemas y a los que se les priva del recreo son precisamente aquellos que más lo necesitan. Los neurocientíficos nos dicen que los niños con TDAH, más inquietos, o que “molestan” a sus compañeros son precisamente los que requieren periodos de recreo más largos y frecuentes. La mente humana necesita descansar. Ni si quiera como adultos tenemos la capacidad de mantener picos de atención durante largos periodos. El denominado mal comportamiento es a menudo un signo de que la escuela no encaja las necesidades de los niños y niñas. La mente de los infantes, en desarrollo, está programada para correr, reír y jugar, e introducir nuevos conocimientos en la memoria requiere pausas regulares.

Puesto que no todas las escuelas tienen políticas que protejan el recreo, el miedo a perderlo ronda a diario en la cabeza de los niños. Las dos principales razones por las que se priva del recreo es el mal comportamiento y no entregar los deberes u otras tareas de clase. Incluso cuando los niños salen al patio, se les puede castigar por múltiples razones: algunas se argumentan mientras que otras son puro misterio. Jack, un niño de siete años a cuya madre entrevisté para mi libro “It’s OK to Go Up the Slide,” quebrantó la regla de “no coger cosas del suelo” al recoger hojas caídas para hacerle un ramo a su madre. Ava, otra niña de ocho años con la que hablé, creó con sus amigas un lenguaje secreto para hablar con las hormigas. Este hecho quebrantaba la norma de que “en la escuela no hay secretos” y le castigaron a permanecer junto a la verja.

La privación del recreo es una herramienta poderosa. Tan poderosa que el profesorado se resiste a soltarla. Quizás porque temen perder control sobre sus estudiantes, igual que los profesores temían, una generación atrás, enfrentarse a la idea de dejar de pegar a los alumnos. Deberíamos confiar más en los profesores. Tienen, con total certeza, la capacidad de mantener la autoridad sin ejercer esta práctica tan insana.

Los defensores del recreo deben operar en diferentes niveles. Además de las prácticas que profesores y escuela realicen a nivel individual, las políticas locales estadounidenses tienen impacto en el acceso de los niños al recreo. Algunos distritos escolares han eliminado por completo el recreo, incluso para niños de primer curso. Esto afecta desproporcionadamente a las escuelas con niños procedentes de familias con bajos ingresos. Según investigadores del Instituto de Profesores de la Universidad Columbia, por ejemplo, el 44 por ciento de los niños de primaria que viven bajo el umbral de la pobreza no disfrutan del recreo en su escuela, en comparación con el 17 por ciento de aquellos procedentes de familias por encima del umbral de la pobreza.

Un problema que se da con más frecuencia es la reducción del tiempo de recreo. Hace una generación lo normal eran tres recreos. En la actualidad, muchas escuelas tienen hueco para sólo uno. La pérdida se agrava cuando se le restan minutos. Quince minutos, siete minutos. El número de escuelas con recreos breves (menos de 20 minutos) o que ni si quiera tienen está creciendo en Estados Unidos, y los niños pasan parte del periodo que corresponde al recreo colgando abrigos o permaneciendo en filas perfectas.

Un castigo no debe privar de un recreo. No se puede reemplazar por la clase de gimnasia. No se puede reducir para ampliar el espacio de enseñanza en clase. El recreo en sí mismo – es su naturaleza – es esencial para el aprendizaje. Lo ideal para los estudiantes de 2º de la E.S.O. sería que dispusieran de un recreo diario y los niños de 11 años, o menores, son quienes más lo necesitan.

El recreo repone y refresca las mentes de los pequeños. Es un destello para el pensamiento libre en una jornada muy estructurada, y es tan importante como un buen descanso nocturno para el comportamiento y el aprendizaje.

El recreo no es un lujo de tiempos pasados. Es necesario en su totalidad para el aprendizaje óptimo de los niños. El recreo regular y diario se debe reconocer como un derecho para todos los niños.

Traducción y adaptación realizada por Ana Ferri para Wemum del texto de Heather Shumaker “Parents want recess for their kids. Here’s why they should keep fighting for it” publicado en The Washington Post el 8 de marzo de 2016.

UpTheSlide-final-cover

7 Comentarios

  1. Jon

    Buen trabajo Ana.
    Me ha encantado lo del “lenguaje secreto” para hablar con las amigas. Nuestros peques son únicos…nunca le dicen “NO” a su imaginación.

    Responder
    • Ana

      Gracias Jon! Me alegro fe que te haya gustado. Efectivamente, cada niño es único y la escuela debería proporcionarles el entorno más favorable para que desarrollen su personalidad y sus capacidades!
      Un abrazo!!

      Responder
  2. Linds

    Muy bueno el articulo Ana. Tampoco hace falta pensarlo tanto….es que me parece todo tan sentido común. Pero claro hace falta ese artículo para decir bien claro por qué salir al recreo debería ser un derecho humano sagrado y tan básico para nuestros hijos que los profesores no pueden ni pensar en quitarlo. ¡Nunca jamás! Aqui en España mi hijo tiene que estar 3 horas en la aula antes de salir para sólo media hora de recreo! Y encima, al salir del colé lo primero que me cuenta es que le han quitado 10 minutos o 15 minutos o incluso todo el recreo para terminar fichas o como castigo para toda la clase por estar demasiado inquietos! Pues con 3 horas sentados, unos niños de 8/9/10 años es normal que sean inquietos!
    Es muy, muy frustrante y aunque he hablado con su profesora la cosa no mejora. Que hacemos? Hay que hacer algo…ya!

    Responder
    • Ana

      Lamento mucho que vuestra experiencia siga siendo así, Linda. Sí, es injusto y contraproducente que les quiten ese tiempo tan preciado. Y además no ayuda en absoluto a cumplir con los objetivos propios que tiene el colegio en cuanto al aprendizaje.

      Responder
  3. amelia

    Muy interesante. Por desgracia nos habíamos medio acostumbrado a los castigos de “sin recreo”, pero lo de suprimir los recreos es muy fuerte y de fatales consecuencias para los niños y su aprendizaje.

    Responder
    • Ana

      Me alegro de que te haya gustado. Sí, es exigirle demasiado a un niño…pasar tantas horas sentado sin un rato de esparcimiento no puede tener beneficios.

      Responder
  4. Jon

    Tres horas continuadas de “clase” sin recreo ?!?!?!?!?!
    Madre mía…
    …Difícil hasta para un adulto…

    Responder

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Pin It on Pinterest

Share This
Leer entrada anterior
líderes heridos - ¿Por qué los internados producen malos líderes?
¿Por qué los internados producen malos líderes?

En Gran Bretaña el vínculo entre la educación en internados privados y el liderazgo es algo sagrado. Si los padres...

Cerrar