Las tribus deshabitadas

por | 18 May 2016 | , , , | 1 Comentario

tribus deshabitadas - redes de madres
tribus deshabitadas - redes de madres

Anna Gabriel, diputada del Parlamento por la CUP, ha hablado hace unos días de su ideal para criar niños en común, en tribu. No vamos a entrar en valoraciones de ideología política, porque no, pero sí creemos que esta diputada ha puesto al descubierto unas palabras que en cierto modo nos remueven, nos remueven como sociedad.

Los insultos que le han llovido quizás vengan motivados por los prejuicios que disparan su estilo estético, por el lenguaje que utiliza o por ser mujer que habla de asuntos de mujeres, o de asuntos que el pensamiento tradicional prefiere conservar en el espacio femenino/doméstico, aunque en realidad se trate de asuntos universales. O un poco de todo.

Aunque Anna Gabriel no ha sido del todo clara en cuanto a lo que se refiere con el concepto de crianza en tribu o su rechazo (o no) a la familia nuclear (y vamos listas si lo tenemos que adivinar con los diferentes artículos publicados en los periódicos, cuya argumentación dependerá de quién maneje los hilos de la línea editorial), lo que sí ha hecho es poner sobre la mesa un debate que, aún llevando mucho tiempo en la sombra, nadie con tanto impacto mediático se había atrevido a sacar a la luz. ¿Qué es lo que ha hecho levantar tantas ampollas del discurso de Anna Gabriel? Es una palabra, y esa palabra es tribu.

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Fuente: picography.co

Quienes han leído tribu y se han imaginado un grupo de indígenas en taparrabos, arco en mano y niños correteando alrededor del fuego, son los mismos que piensan que el culmen del progreso y del feminismo es que tengamos dos semanas justas para recuperarnos del parto y cuatro míseros meses para incorporarnos al puesto de trabajo para seguir “como si nada”, o que ejerzamos la maternidad dos horas al día y en los períodos vacacionales que marca el calendario laboral. Que el permiso del padre sea cuanto menos irrisorio poniendo más trabas todavía a su implicación en la crianza y al apoyo que puede prestar a la madre en pleno postparto. La realidad, sin embargo, es que en una sociedad en la que las familias cada vez son más pequeñas y están más atomizadas, las madres buscan con ansia su tribu (de ahí que cada vez más gente se pregunte dónde está su tribu). E internet ha servido como tribu virtual para una cantidad cada vez más ingente de madres en busca de información y de apoyo para sentirse acompañadas en un proceso de sus vidas para el que no estaban en absoluto preparadas. Pero lo que antes se daba de una forma natural, ahora hay que salir a buscarlo.

El número de grupos de lactancia, asociaciones de crianza, educativas, espacios para familias, no ha hecho más que aumentar año tras año. Y los motivos para ello son básicamente dos: la creciente conciencia que tenemos, puede que por primera vez en la historia, de lo que supone criar y educar. Y la ausencia de tribu física tradicional.

De toda la vida los niños se han criado en tribu, en común, que nadie se lleve las manos a la cabeza por eso. ¿Cuántas de nosotras no teníamos a los abuelos, tíos, primos en la misma ciudad? ¿Cuántas no teníamos vecinas que eran casi como abuelas en nuestra escalera? ¿Y nuestras madres? ¿Y nuestras abuelas? En los pueblos, aldeas, cortijos existía la tribu. Y los niños entraban y salían de las casas con la tranquilidad de saberse siempre acompañados por otros adultos que sin ser necesariamente del núcleo familiar les podían cuidar en un momento dado.

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Fuente: Pexels

Es ahora cuando no tenemos esa tribu, que la última generación de madres y padres padece síndromes como el burnout, sienten depresión y la asfixia de sentirse cargados por la enorme responsabilidad de criar niños en soledad. En este extraño mundo en el que puedes tener cientos de contactos en facebook pero después sientes que estás haciendo malabares para no caer en el abismo de la soledad o la sobrecarga.

El ser humano necesita su tribu. El mundo ha avanzado mucho pero biológicamente seguimos igual que hace 200.000 años, las mujeres parimos y luego se nos cae la casa encima, sentimos soledad aislamiento, nuestras parejas se sienten descolocadas, no dan abasto, nuestras familias de origen están a cientos o miles de kilómetros de distancia, y seguimos buscando la tribu. Entonces, para compartir la carga de la crianza y poder mantener nuestro ritmo vital, a falta de verdaderas políticas de conciliación, tenemos que elegir, por voluntad o por necesidad, y recurrir a opciones que no siempre son lo que querríamos, como la escolarización temprana y que no suelen ser las más adecuadas para nuestras pequeñas crías, pero que sí son las normalizadas por esta sociedad un poco enferma de humanidad.

Por eso, desde aquí queremos decir que sí queremos criar en tribu. No hace falta que nos vayamos a las comunas, o a los kibutz, hablamos de formar parte de una red. Queremos volver a habitar esas tribus que durante demasiado tiempo han estado deshabitadas. Queremos compartir con otras madres y padres, y no solo de forma virtual. Queremos criar en compañía y no en soledad. El gran reto será hacerlo de forma adaptada al mundo de hoy, de forma física y natural, y estamos seguras de que lo vamos a conseguir. ¿Nos acompañas?

Wemum.

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