¿Por qué los internados producen malos líderes?

por | 12 Abr 2016 | | 0 Comentarios

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líderes heridos - ¿Por qué los internados producen malos líderes?
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En Gran Bretaña el vínculo entre la educación en internados privados y el liderazgo es algo sagrado. Si los padres pueden permitírselo, a los niños se les envía lejos de casa para que recorran el transitado camino que va directamente desde el internado a los grandes despachos de instituciones como el poder judicial, el ejército, la banca y, especialmente, el gobierno. Nuestro primer ministro tenía tan sólo siete años cuando lo enviaron al internado de la escuela primaria de Heatherdown, en Berkshire. Al igual que muchos otros hombres que desempeñan puestos de liderazgo en Gran Bretaña, aprendió a amoldar su joven carácter para sobrevivir tanto a la separación de su familia como a las exigencias de la cultura de internado.

En Gran Bretaña el vínculo entre la educación en internados privados y el liderazgo es algo sagrado. Si los padres pueden permitírselo, a los niños se les envía lejos de casa para que recorran el trillado camino que va directamente desde el internado a los grandes despachos de instituciones como el poder judicial, el ejército, la banca y, especialmente, el gobierno. Nuestro primer ministro tenía tan sólo siete años cuando lo enviaron al internado de la escuela primaria de Heatherdown, en Berkshire. Al igual que muchos otros hombres que desempeñan puestos de liderazgo en Gran Bretaña, aprendió a amoldar su joven carácter para sobrevivir tanto a la separación de su familia como a las exigencias de la cultura de internado.

El impacto psicológico que estas primeras experiencias tuvieron sobre Cameron y otros niños que crecieron hasta ocupar posiciones de gran poder y responsabilidad no puede obviarse. A ellos les deja deficientemente preparados para enfrentarse a las relaciones en el mundo adulto y, a la nación, con un cuadro de mando que perpetúa la cultura del elitismo, el acoso y la misoginia, lo cual termina afectando a la sociedad entera.

Sin embargo, este camino de oro está hoy en día tan asentado como hace un siglo, cuando hombres con tales orígenes nos condujeron a una guerra desastrosa; es algo familiar, de lo que en ocasiones nos reímos, pero algo que se da por hecho. Lo que es menos conocido, sin embargo, es que la carísima y elitista educación en internados hace que sus pupilos parezcan mucho más competentes de lo que en realidad son. De hecho, son especialmente deficientes en herramientas no racionales, como las que se necesitan para mantener relaciones, y no están bien preparados para ser líderes en un mundo como el actual. He estado haciendo psicoterapia con ex alumnos de internados durante 25 años y yo mismo soy un antiguo profesor y ex alumno de internado. Mi estudio pionero acerca del abandono privilegiado siempre produce controversia: la institución del internado está tan arraigada a la vida británica que a muchos les cuesta ver más allá del elitismo y comprender su impacto. Finalmente la prevalencia del abuso institucionalizado está emergiendo al escrutinio público, pero los efectos del abandono normalizado por parte de los padres resulta más extendido y menos obvio. ¿Estoy yo diciendo que David Cameron y la mayoría de nuestra élite dominante fueron alumnos internos maltratados? Resulta complicado. Mis estudios demuestran que los niños sobreviven al internado coartando sus sentimientos y construyendo un ser organizado entorno a la defensa que limita gravemente sus vidas posteriores. Cameron, Boris Johnson, Jeremy Hunt, Andrew Mitchell, Oliver Letwin y otros cumplen todos los requisitos de supervivientes al internado. Se trata de niños socialmente privilegiados a los que se fuerza a tratar en situaciones que no son de su elección, en las que una infancia organizada entorno a la familia se sustituye por el cultivo de los privilegios. Prematuramente separados de su hogar y familia, del amor y el contacto, se ven obligados a reinventarse rápidamente a sí mismos como pseudo adultos autosuficientes. Paradójicamente luchan entonces por madurar de forma adecuada, ya que el niño al que no se le permite desarrollarse de forma orgánica queda estancado en su interior. En consecuencia, se desarrolla un complejo infantil en este tipo de adultos que termina por echarlo todo a perder. Ese el motivo por el que tantos políticos británicos tengan un aspecto tan aniñado y sean además tan reacios a abrir sus filas a las mujeres, que son auténticas extrañas para ellos e inconscientemente consideran responsables del abandono que sintieron por parte de sus madres.

Con dos tercios del gabinete actual con estos antecedentes, las implicaciones políticas de este síndrome son enormes, ya que son los niños en el interior de los hombres que conducen el país los que están en realidad al mando. Los niños de internado suelen desarrollar una personalidad superviviente que se prolonga mucho después de los años escolares y que funciona de forma estratégica. A través de rígidos horarios, en instituciones muy reguladas, siempre se mantienen alerta para alejarse de cualquier problema. Es especialmente importante que a ojos de los demás no parezcan infelices, infantiles o torpes, tampoco vulnerables, de lo contrario sufrirán el acoso de sus pares. De este modo, se distancian de todas estas cualidades, las proyectan sobre otros y desarrollan personalidades falsas para ocultarse, este es el motivo por el que este tipo personas puedan llegar a convertirse en excelentes espías. De esto modo, vinculados a esta estructura interna en lugar de a alguno de sus progenitores, estos niños sobreviven, pero llegan a la edad adulta con un ansiedad permanente e inconsciente y muy raramente desarrollarán lo que Daniel Goleman denomina inteligencia emocional. En la adultez utilizarán las mismas tácticas: en cuanto sientan una amenaza de parecer ridículos, asestarán un golpe.

El acoso es inevitable y endémico las 24 horas del día durante los 7 días de la semana en unas instituciones llenas de niños abandonados y asustados. Las parejas de estos ex pupilos a menudo dicen que esto termina por arruinar su vida familiar años después. El acoso escolar está profundamente arraigado en la sociedad británica y en los medios, pero, tal como ocurre con los internados, lo normalizamos. La supervivencia estratégica tiene muchos estilos: el acoso es uno, otro es el de mantener la cabeza agachada, convertirse en un patoso encantador, o mantener una imperturbable sonrisa. En un destacable documental de la BBC de 1994 llamado “The Making of Them”, cuyo título tomé prestado de mi primer libro, los alumnos de un internado son filmados durante sus primeras semanas en la escuela preparatoria. Los espectadores pueden ser testigos de la “personalidad superviviente estratégica” en el proceso de adaptación. “El internado”, dice Freddy de 9 años, cogiendo aire y mirando a cámara con gesto serio, “me ha cambiado, y lo único que puedo hacer ahora es acostumbrarme”. Esta falsa independencia, esta exhibición de seriedad pseudo adulta es tan evidente en la preocupación teatral de Cameron como lo era en la de Tony Blair. Es muestra de la duplicidad estratégica aprendida durante la infancia; es difícil deshacerse de ella y decepciona incluso al protagonista.

El privilegio social que supone el internado tiene, sin embargo, un arma de doble filo: crea un pudor que evita que el que lo padece reconozca sus problemas, así como un privilegio inconsciente que explica por qué los líderes que son ex alumnos de internado son quebradizos y actúan a la defensiva al mismo tiempo que siguen proyectando seguridad. No es fácil renunciar a este derecho anacrónico, puesto que compensa por los años sufridos sin amor, sin contacto cercano, sin familia, por haber desarrollado una personalidad bajo estrés, por las carencias de una madurez emocional, relacional y sexual.

En mi nuevo libro, Wounded Leaders (Líderes Heridos), trazo la historia de la élite británica y la actitud negativa hacia la infancia en la época colonial y lo que denomino el “proyecto del hombre racional”, en el que los internados victorianos eran centrales industriales que producían líderes superiores y estoicos para el imperio. Recientes estudios de expertos en neurociencia demuestran lo realmente pobre que es esta educación para líderes. Resumiendo mucho, no se pueden tomar buenas decisiones sin información emocional (Prof. Antonio Damasio); tampoco se puede desarrollar un cerebro flexible sin buenas conexiones (Dr. Sue Gerhardt); ni interpretar las señales faciales si el corazón está acorazado (Prof. Stephen Porges); y tampoco se puede tener una perspectiva amplia de las situaciones si el cerebro ha sido alimentado a base de una estricta dieta de racionalidad (Dr. Iain McGilchrist). Todos estos factores respaldan la opinión de Will Hutton según la cual “los juicios políticos que el partido conservador ha hecho durante los siglos han sido erróneos de forma continuada”.

Con un curriculum escolar basado en la supervivencia, pero no en la empatía, desde sus siete años de edad, no es probable que Cameron pueda tomar buenas decisiones entablando lazos de conexión en Europa, como pudiera hacer John Major. Puede hablar de liderar Europa, pero no de pertenecer a ella. Los ex alumnos de internado no pueden concebir soluciones comunitarias porque no han pertenecido a un hogar el tiempo suficiente para comprender qué significa esto. Sus homólogos europeos no funcionan del mismo modo. A pesar de su educación elitista, y a causa de ella, nuestros “líderes heridos” no pueden manejar tal habilidad política. Para cambiar nuestra política, tendremos que cambiar antes nuestro sistema educativo. En la actualidad, la gran mayoría de los médicos reconoce el síndrome del internado, muchos de ellos firmaron recientemente una carta dirigida a The Observer para solicitar el fin de los internados a temprana edad. Existe un problema económico: los internados mueven billones y tienen un gran lobby a su alrededor. Al contrario que muchos otros países europeos, nuestro estado no contribuye con una cantidad per cápita para la educación privada, por lo que desmantelar estas escuelas, que aún hoy poseen rango caritativo, sería costoso. Pero, ¿realmente podemos seguir sacrificando más niños a cambio de un liderazgo de segunda clase? Extracto traducido y adaptado por Luz para Wemum con el permiso de su autor Nick Duffell.

El extracto de la obra original fue publicado en The Guardian

Wounded Leaders: British Elitism and the Entitlement Illusion – a Psychohistory publicado por Lone Arrow Press Wounded Leaders puede adquirirse en Amazon

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