Violencia Obstétrica (Parte I y II)

por | 6 Abr 2016 | , | 0 Comentarios

violencia obstétrica
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La violencia obstétrica es considerada una de las formas más invisibilizadas de la violencia de género. Tan naturalizada está que muchas mujeres que la han sufrido, no son conscientes de ello. Pero la violencia obstétrica existe. Existe en los países en vías de desarrollo, en los países desarrollados y también existe en España. Muchas mujeres y sus familias, muchos profesionales lo sabemos. También lo sabe la OMS que se ha visto obligada a emitir recientemente, en 2014, una Declaración para La Prevención y Erradicación de la falta de respeto y el maltrato durante la atención al parto en Centros de Salud. Este documento constata que:

PARTE I

“Un número cada vez mayor de investigaciones sobre las experiencias de las mujeres en el embarazo y, en particular, en el parto, plantean un panorama alarmante. Muchas mujeres en todo el mundo sufren un trato irrespetuoso, ofensivo o negligente. En los informes se hace mención a un evidente maltrato físico, una profunda humillación y maltrato verbal, procedimientos médicos sin consentimiento o coercitivos (incluyendo la esterilización), falta de confidencialidad, incumplimiento con la obtención del consentimiento informado completo, negativa a administrar analgésicos, violaciones flagrantes de la privacidad, rechazo de la admisión en Centros de Salud, negligencia hacia las mujeres durante el parto, lo que deriva en complicaciones potencialmente mortales, pero evitables y retención de las mujeres y recién nacidos en los centros de salud debido a su incapacidad de pago”.

Pero hace falta que todas las mujeres y toda la sociedad sepan que la violencia obstétrica existe y que es un atropello de los derechos humanos de las mujeres y de los recién nacidos, que pone en riesgo su salud física y emocional, la instauración de la lactancia, la creación del vinculo madre-hijo y puede condicionar el deseo de futuros hijos.

Podemos definir la violencia obstétrica como aquella que ejercen los sistemas de salud y algunos profesionales sanitarios sobre el cuerpo y los procesos reproductivos de las mujeres y que se expresa en:

  • Un trato jerárquico deshumanizador, que abarca desde falta de interés por conocer cómo quiere cada mujer vivir su parto, recibir a su hijo o hija y alimentarlo, hasta atención despersonalizada y rutinaria, infantilización de la parturienta, desconsideración de sus necesidades físicas y psíquicas y de las de los recién nacidos y parejas, insensibilidad, comentarios inapropiados, falta de respeto a la necesaria privacidad e intimidad, exposición innecesaria del cuerpo de las mujeres, aplicación de técnicas y procedimientos invasivos (tactos vaginales, rotura de bolsa, administración de oxitocina) sin consentimiento informado, ausencia de información y de diálogo con las mujeres y sus familias durante el parto y el postparto, falta de ayuda experta a las mujeres que quieren amamantar, etc.

  • Un abuso de medicalización y la patologización de los procesos naturales del embarazo, parto, puerperio y lactancia. El actual modelo de atención al parto obliga, en muchas ocasiones, a parir y a nacer en condiciones antifisiológicas, complicando de esta manera partos que hubieran sido normales. El parto es el resultado de un complejo proceso hormonal que requiere para desplegarse plenamente que la mujer se encuentre acompañada, segura y respetada, no se sienta observada ni juzgada, se sienta libre de moverse, de adoptar cualquier postura, de gritar o jadear, que necesita tranquilidad, respeto a los ritmos biológicos, silencio, privacidad, oscuridad y apoyo profesional.

Lamentablemente, en el actual paradigma de atención al parto no se personaliza la atención y se aplican rutinas semejantes a todos los partos sean normales o de riesgo. Así se utilizan de forma innecesaria y rutinaria procedimientos que tienen que quedar reservados a indicaciones concretas en embarazos y partos complicados como inducciones de parto, rotura artificial de bolsa, uso de fármacos para producir contracciones, monitorización continua, fórceps y ventosas, episiotomías, cesáreas. Y no se ponen en marcha buenas prácticas, ya experimentadas y que minimizan los efectos indeseables de las intervenciones obstétricas, como, por ejemplo, el acompañamiento familiar y el contacto piel con piel en las cesáreas o las entrevistas postparto en los casos de partos difíciles, instrumentales o con malos resultados. El grado de medicalización alcanzado queda patente en un estudio realizado en el Sistema Nacional de Salud en 2011: El 19,4% de los partos fueron inducidos, finalizaron mediante cesárea el 22,3 y se aplicaron fórceps, ventosas o espátulas en el 14,53%. Es decir casi el 20% de los partos no se iniciaron de forma espontánea y el 36.83% finalizaron de forma no eutocica. Estas cifras son muy superiores en los centros privados

  • En una dotación insuficiente de los servicios de atención al parto con infraestructuras inadecuados (salas de dilatación compartidas y paritorios separados y con ambiente quirúrgico ) y no bien dimensionadas (inducciones y estimulaciones para acelerar los partos por falta de espacio), falta de recursos (ausencia de bañeras, de óxido nitroso, de sillas de parto y mesas polivalentes), plantas de maternidad y unidades de cuidados neonatales no centradas en la familia y plantillas escasas.

  • En la ausencia de prioridad en la agenda política y de los sistemas de salud que posibilita el que se mantengan rutinas no basadas en la evidencia científica y protocolos inadecuados, no se remuevan los obstáculos organizativos y profesionales para cambiar la atención al parto, nacimiento y puerperio y no se promueva una formación en la atención al parto fisiológico y en las recomendaciones de la Estrategia de Atención al Parto Normal

La violencia obstétrica afecta a las mujeres que la padecen:

  • En un estudio británico se comprueba que un tercio de las mujeres describían su parto como traumático y habían temido por su vida o la de su bebé

  • Una encuesta nacional de EEUU encontró que el 18% de las mujeres presentaba síntomas importantes de estrés postraumático

  • Los expertos estiman que aproximadamente el 35% de las madres presentan algún grado de estrés postraumático

  • Un estudio de partos instrumentales publicado en el British Medical Journal comprobó que el 50% de las mujeres no deseaban otro hijo y casi la mitad por miedo a otro parto

Muchas de vosotras habéis estado embarazadas, habéis parido, vivido puerperios, amamantado o criado con biberón…Muchas habéis contado una y otra vez estas experiencias, pero algunas, sin embargo, no habréis contado nunca cosas que hirieron vuestra integridad, vuestra dignidad. Puede que no hayáis contado nunca lo que sentisteis si no se respetó vuestra intimidad, vuestro protagonismo en un momento tan extraordinario y que todavía recordéis el mal sabor de boca que os dejo algo de lo sucedido o la pena por el parto que deseabais y no pudisteis tener por una atención no respetuosa con la fisiología, con los ritmos del parto, con vuestros deseos o preferencias. Os pido que tanto las que habéis vivido un parto como aquellas otras y otros que habéis sido espectadores o solo habéis oído narraciones de partos penséis sobre las respuestas que daríais a estas preguntas que forman parte de una encuesta que estamos realizando desde el Observatorio de la Violencia Obstétrica de España:

  • ¿Fuiste criticada por llorar o gritar de dolor, emoción, alegría, durante el trabajo de parto y/o el parto?

  • ¿Te fue difícil o imposible preguntar o manifestar tus miedos o inquietudes porque no te respondían o lo hacían de mala manera?

  • Después del parto, ¿Sentiste que no habías estado a la altura de lo que se esperaba (que no habías “colaborado”)?

  • Podrías decir que la experiencia de la atención en el parto ¿te hizo sentir vulnerable, culpable o insegura?

PARTE II

La violencia obstétrica afecta también a los recién nacidos. Condiciona su forma de nacer, su entrada en este mundo y los cuidados y atenciones que va a recibir de su madre tras el nacimiento. Nacer rodeado de ruidos, luces y olores de antisépticos, ser separado de su madre, ser manipulado, pesado y medido sin el debido cuidado, recibir inyecciones, sufrir extracciones de sangre o la prueba del talón sin el efecto analgésico del contacto piel con piel o la succión del pecho, mantener rutinas que dificultan la lactancia, son ejemplos de violencia obstétrica hacia el recién nacido.

Además la salud mental y la carrera profesional de matronas, obstetras y enfermería se ven afectadas por la violencia que se vive en muchos paritorios y plantas de maternidad. Esta violencia puede producir en los profesionales expuestos una tolerancia creciente al maltrato, una deshumanización progresiva, diferentes problemas psicológicos como el síndrome del profesional quemado, e, incluso, conducir al abandono de la profesión. Así en un estudio de 2012 realizado en 464 enfermeras obstétricas se encontró que el 35% cumplían criterios diagnósticos de un trastorno de estrés postraumático por presenciar partos abusivos. Y en un trabajo aún no publicado de Ibone Olza, psiquiatra española, realizado en Madrid, el 94% de los 74 profesionales que respondieron a una entrevista anónima y autoadministrable, afirmaban que habían sido testigos en su formación de violencia obstétrica, el 80% sintieron que se les había enseñado a ejercer o ser cómplices de violencia y el 78% se habían sentido presionados a ejercer prácticas que consideraban violentas en el paritorio. Hablaban de “mujeres a las que se chilla que lo están haciendo mal, que van a matar a sus hijos, que no saben empujar, a las que se acusa de no querer parir, de hacer cesáreas para terminar a una hora determinada, de aplicar fórceps para que aprendan los residentes, de no dejar beber, levantarse o caminar durante el parto, de negar la epidural porque la mujer la rechazó cuando se le ofreció al principio del parto, de mujeres a las que exploran hasta 6 personas distintas sin ninguna intimidad, de partos con más de 15 personas en el paritorio, cada una a su tema, sin prestar la menor atención a la mujer excepto a su periné y a su vagina”. Una de las personas que respondió a la encuesta recordaba que un marido que era militar y había estado en Bosnia, le dijo que el parto había sido más violento que lo vivido en aquella guerra.

Ante esta situación se viene trabajando desde hace muchos años. Hay países como Venezuela y Argentina y Estados de Méjico que tienen leyes específicas contra la violencia obstétrica. En 2014, Ecuador ha incluido por primera vez un apartado sobre Violencia Obstétrica en su Informe Sombra al Comité de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación de la mujer CEDAW. La OMS en septiembre de 2014 hizo pública su declaración sobre la Prevención y Erradicación de la falta de respeto y el maltrato durante la atención al parto. En España se ha elaborado la Estrategia de Atención al parto Normal, la Estrategia de Salud Sexual y Reproductiva, La GPC de Atención al Parto Normal, el Proyecto Adecuación de cesáreas y se han desarrollado muchas otras iniciativas. Pero la violencia continua, más atenuada, más sutil, si se quiere. El sistema sigue anclado en el paradigma del parto tecnificado, en no considerar el parto y el nacimiento normales como procesos fisiológicos que no deben ser interferidos sino acompañados, en percibir el parto meramente en términos de actividad uterina, de frecuencia cardiaca fetal y de los actos del personal, dejando de lado a la mujer que está pariendo, en ver a las mujeres que paren y a los bebés que nacen como sujetos de intervención y no como sujetos de derechos, en sustituir el protagonismo de las mujeres durante la vivencia de sus embarazos, partos y puerperios por el protagonismo y control de los profesionales…

Creo que ya está claro que las iniciativas institucionales, la apelación a la medicina basada en la evidencia, la promoción de la calidad y calidez asistencial, la formación de los profesionales, etc., no son suficientes para combatir la violencia obstétrica, para cambiar el modelo de atención al embarazo, parto, nacimiento y puerperio de nuestro sistema sanitario. Por ello es necesario seguir impulsando todo tipo de iniciativas como el reciente primer encuentro internacional de Observatorios de la Violencia Obstétrica con la participación de profesionales, activistas y madres de Argentina, Chile, Colombia y Francia por iniciativa del Observatorio de España creado en noviembre de 2014 y dependiente de la Asociación El Parto es Nuestro, que elaboró la declaración InterOvo 2016 disponible en Internet. Pero sobre todo es necesario que las mujeres y sus familias se movilicen, por los derechos de todas, por el derecho al mejor nacimiento y atención de nuestros hijos. Y que esa movilización obligue a gobiernos, administraciones, gerencias de hospitales y profesionales a cambiar el modelo de atención al embarazo, parto, nacimiento y puerperio. Es el momento de la ciudadanía.

 

Charo Quintana Pantaleón. Ginecóloga. Hospital Sierrallana Servicio Cántabro de Salud.

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